Sólo somos yo y yo. Una inmensidad me invade. Y sólo mi voz escucho. Mis latidos del corazón. Mi respiración. Siento las lágrimas correr por mis mejillas, y esa sensación que te queda cuando llorás con desesperación. Hay algo que crece en mí -que viene creciendo hace bastante- y no logro sacarlo. Algo que de vez en cuando asoma y escucho su grito en la distancia. Me aturde. Y es aterrador. Quiero desprenderme y sacarlo de mí, que se vaya pero... Pero día a día junto más cosas y las guardo. Se almacenan. Mutan y se transforman en ese todo que me desgarra por dentro.
Hoy, empecé este último camino. Con tropiezos, caídas, rodillas raspadas... El último esfuerzo es como dar un paso de gigante. Es el que más te cuesta y parece que el horizonte se aleja de uno en vez de acercarse.
Pero sigo empujandome. Un paso a la vez. Esto va a sacar lo mejor y lo peor de mí y todos esos miedos, incertidumbres, mi "como me veo" van a salir a flote nuevamente.
Y aunque seamos yo y yo -por fuera-, por dentro es otra la historia: "Nadie dijo que iba a ser fácil." -dijo mi Solcito. "El sacrificio se vuelve un amigo." -dijo mi Carito. Así nos volvemos fuertes, sabios. A pesar de la pesadumbre, ELLAS me sostienen, contienen, y no me siento sola. Porque junto a ellas, todo es más lindo. Gracias.

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