Cierro los ojos y ahí es cuando los escucho. Susurros. Están en mi cabeza e invaden mi corazón. Hoy, esos susurros me nublan el alma. Hoy, en un instante ví pasar frente a mí, todas esas cosas que acumulo y guardo y que no me hacen bien. Hoy, las saqué afuera. Hoy, lloví. Lluvia fuerte, con la posibilidad de que el pronóstico se extienda durante todo el año. Me fue imposible parar de llorar. -Pero a vos, al final ¿te gusta llorar?... A nadie le gusta llorar de tristeza, cuando uno daría cualquier cosa por estar bien otra vez.
¿Por qué me pasa esto? ¿Voy a poder superarlo? ¿Voy a dejar de llover desesperadamente? Son preguntas cuyas respuestas están dentro mío. Lo sé. Pero no logro verlas ahora. Soy una bomba de tiempo. Una bomba de tiempo impredecible. Exploto y sin aviso. ¿Detonantes? Susurros. Quisiera juntarlos y largarlos en mar abierto. Que se vayan en un viaje de ida y no vuelvan más. Dejarlos ir y que sólo me dejen el arruyo de las olas y el olor a mar. Dejar que el agua me lave y me limpie, volverme transparente, volver a brillar.

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